Aun es pronto para saber si cuando Sánchez Bugallo afirmó que quería una Compostela “para los hijos” estaba pensando en la ex directora de la UMAD. Son esas cosas, como los rebacheos, que solo conocemos en vísperas de elecciones y que desmontan el rumor de que el alcalde compra sus discursos en ‘los chinos’: pues no, tiene uno, solo uno desde hace años, lo que ocurre es que se le olvida cambiar hijos por nietos. No es cuestión de desgaste lo suyo, sino de aburrimiento al decir de algunos, o puede que sea ese colesterol intelectual que le causa el amancebamiento con el Bloque, pero hay quien opina que el tiempo del alcalde se va acabando, apenas quedan huecos para más arbolitos, ni lugares nuevos donde esconder el botellón, ni coches para tanta grúa. Y sin embargo este panorama nos lo presenta eufórico, enseñándonos que con sentido del humor, del ajeno, podemos distinguir entre censura o tolerancia según la religión que se ofenda, ya que poco le importa que alguien le diga que es malo mientras al menos sea conocido, mérito suyo es haber convertido al socialismo en la principal fuerza conservadora de Santiago. Tiempo es de renovar a quien le escribe los discursos a quien le escribe los discursos al alcalde, más que a programas electorales suenan a editoriales.
Publicado en SANTIAGOSIETE el 15 de Abril de 2011


