viernes, 29 de octubre de 2010

Del Insulto Como Arte

Hubo un tiempo en el que unas veces insultaba quien podía y otras quien quería, pero hoy es capaz de hacerlo por afición cualquiera que tenga un rato libre. De aquel entonces a este hoy lo único que ha cambiado es la falta de originalidad y picardía, tal vez porque ya no quede claro qué es un insulto y qué un cumplido, pues pocas veces puede encontrarse esfuerzo creativo alguno en quien insulta lo que provoca que el insultado se sienta además, y con toda razón, ofendido.

Esto es lo que hemos visto en los últimos días a propósito de una nueva e incesante ministra y de un ministro cesante en situaciones estrambóticas pero igualmente injuriosas de la que solo cabe sacar dos conclusiones. Primero, que las ventas noveleras del académico insultante puede que no vayan demasiado bien ahora que caerá en desgracia social tras meter la pata sacando los pies del tiesto. Y segundo, que la ministra solo está rodeada de ratas chillonas y no ha tenido un hombre de verdad a su lado que, en el silencio de los duelos, haya ido junto al alcalde procaz y sin mediar palabra le partiese el alma en tres después de haberle hecho tragar su propia lengua para que muriese envenenado. Lo único claro es que, se mire como se mire, parece que si usted no es insultado públicamente hoy en día, usted no es nadie en el circo mediático.

Publicado en SANTIAGOSIETE el 29 de Octubre de 2010

viernes, 15 de octubre de 2010

De Los Simoníacos

A pesar de que nunca escampa a gusto de todos, mucho ha llovido desde que aquel periodista tan británico, Chesterton, se convirtiera al catolicismo, según contaba, tras haber visto rezar a una anciana irlandesa. El misterio de la religiosidad no impide sin embargo que, si se le agita, suene a euros contantes y malsonantes, una especie de reintegro gongorino por el oro amarillo que como cualquier evento, como pueda ser la próxima visita del Papa, provoque unos beneficios que a algunos puede salpicar pero que a otros hasta puedan faltarles dedos, de los de libre nombramiento, para contar tan beatíficos beneficios entre quienes no se cortan un pelo para colocar cepillos a cada paso, y quienes buscan su hueco en el mundo para gritar que quieren estar fuera de él. Hubo un tiempo en que la simonía como negocio de lo sagrado se castigaba con el asco social pero hoy, cuando hasta no pagar las deudas se considera un acto de madurez, no deja de ser una actividad más, ya sea de provecho económico o de rédito electoral a favor o en contra del acto en cuestión. Asistimos así atónitos a nuestras disputas compostelanas por saber quiénes se sentarán en la Catedral a la izquierda o a la derecha del santo padre mientras pensamos en otras tantas almas buenas a las que un decadente Sabina les canta que ‘el día del Juicio, Dios será su abogado de oficio’.

Publicado en SANTIAGOSIETE el 15 de Octubre de 2010

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