jueves, 24 de julio de 2014

Vivir en Santiago es haber nacido dos veces.




En Santiago nunca se pone la Luna, Santiago como ciudad donde comienzan los finales de todos los caminos, la puerta sin cerrojo por la que se llega a todos los mundos que no se han sabido descubrir en este. Santiago es la fe, la fe gris en ella misma sobre la que se extiende la barba pétrea y amarilla de una sabiduría que mira, calla y sonríe. Es la urbe que ya ha vivido la Historia y que, como recién nacida con alma de vanguardia, se quita años cada vez que vuelve a cumplir. Es el lugar donde cada cual llega a ocupar su sitio en un teatro que abraza todos los siglos, incluso los ya vividos, adonde llegan las nubes a pasar la noche antes de seguir su viaje, y donde algunas quedarán enredadas para siempre en su Alameda. Aquí es donde se leen las viejas historias de siempre escritas en la plata de los charcos adoquinados cuando caen las tardes de miel. Porque en Santiago siempre se llega a tiempo de todo, es el cosmos celta que gira sobre un eje en forma de cruz. Compostela se ahorma con las pisadas de tantos y forja en tahona de piedra de la mano invisible de un cantero que a cada mirada le da nueva forma en la eternidad de cada alma. Santiago vive estrecha de calles, abrazada, apretada por recuerdos guardados en cuencos blancos de quienes una noche llegaron para nacer aquí porque así lo desearon, es un carballo visto desde su raíz. Basta acercar el oído a las húmedas piedras para escuchar el espíritu que aún escribe en el granito el destino de esta tierra, Compostela, que todo un océano inmisericorde y voraz grita desde la lejanía ronco por besar sus calles, sus bocas.
Se es de Santiago como se es del aire, para siempre, inevitablemente. En ella se respira la bruma que ayer libraron las gaitas en su quejido inmortal mientras sus árboles crecen alimentados de las cenizas de una cacharela que nunca se consume del todo.
La mejor manera de vivir en Santiago es morir en ella. La lluvia se bebe en Santiago en cuencos blancos y mullidos como la almohada de una amante de cabellos negros, por ser el libro primero en la estantería de la vida de los corazones de los que un día vinieron adonde cualquiera puede acabar de escribir el último párrafo infinito en el que todo cabe, un libro hecho con las hojas que caen con el frío y se aprietan como las miradas del estío, hecho para ser acariciado como a un recién nacido, un libro de los viajes de vuelta a la casa de aquí de todos, un diccionario de los sentimientos, un traductor de las sonrisas de todas las palabras que acaban en Compostela, que es la ciudad donde las fuentes manan leyendas.

Porque desde lejos Santiago se mira al revés, vista desde la tarde de los tiempos el viajero contempla sus torres desde abajo como las patas de una colosal mesa que sostuviera un mundo, una historia, un pueblo por entre las que nos dejamos llevar apenas movidos por el caprichoso viento que levanta las faldas y las sotanas, un atril sobre el que descansa ese gran libro de la vida en el que una ciudad acaba por convertirse en todo un capítulo del Hombre.
Y entre sus calles mil veces recorridas por vez primera cada noche, brindamos con esos mismos cuencos asonantes de arte mayor mientras se siembran sueños y se cosechan soñadoras con carmín, donde como con el bosque y los árboles Santiago no deja ver el mundo, es esta Compostela de los dos ríos en los que se nos encuentra llorando como un Heráclito celta que cuenta con los números romanos de los dedos los días que faltan para que acabe la eternidad soñada y sabida de que vivir en Santiago es haber nacido dos veces. El botafumeiro de la catedral de Compostela volverá a ser este domingo de Santiago ese péndulo del reloj que cuelga oscilante del sol desde para marcar la hora de los hombres que aún tienen fe en la fe de los hombres, es el tiempo domeñado que duerme entre sábanas de nubes alimentando con su luz y su lluvia socarrona los rosales de los vientos que nacen en cada rincón, ahí donde nos cobijamos a la sombra de los suspiros cuando aprieta pero ahoga penas y apenados, ciudad soñada como médula que hunde sus raíces en la Europa eterna y brota verde y siempre fértil frutos de piedra y corazones de azabache, espiritualidad de Compostela universal e infinito remedio antaño como hoy de mentes mustias enfermas de estrechura, campo de estrellas segado a ras del cielo que aromatizan cada noche los sueños de toda una humanidad, patrimonio de Santiago, que se empadrona aquí entre líquenes y abrazos, reino de sí misma y camino que conduce a todos los caminos, ciudad radiante e itinerario de las almas será siempre espejo donde los hombres se ven reflejados a sí mismos en el silencio de lo que son, caminos y vidas escritas en tinta de lágrimas, anhelo de quienes dejaron de anhelar para descubrir que


cualquiera que haya vivido en Santiago nuca volverá a ser cualquiera.

No hay comentarios:

El Correo Gallego - Santiago - Titulares

EL PAÍS - Titulares - Galicia

TVG - Informativos - Titulares

Páginas más vistas en la última semana

Cartelera de Santiago (destacados)

Cartelera de Cine en Santiago

Cartelera de Cine en Santiago
Pulse para acceder