miércoles, 22 de septiembre de 2010

Del Viaje A Ninguna Parte

En las crisis económicas, como en las batallas más sangrientas, hay momentos en que es mejor hacerse el muerto que el vivo. Es cierto que nadie escribirá luego sobre los cobardes, pero porque ya se encargarán ellos mismos de contarlo a su vuelta sin necesidad de glosas épicas póstumas. En relación con lo anterior, a día de hoy aún está por saberse si cerrar un negocio es un acto de valientes o de cobardes, pero sí es seguro que al bajar para siempre la corredera a alguien que entra o sale le golpea en la cabeza rompiéndole la crisma y los sueños. De eso sabemos bastante últimamente en Santiago a pesar de que, en contra de la opinión de algún sindicato, el cierre de un comercio no suele ser un acto de sadismo empresarial sino de necesidad, que no hay que ser liberado sindical, o puede que sí, para comprenderlo. Cuando ello ocurre y tocan a rebato, los primeros que abandonan el barco no son las ratas como se cree, sino los cuartos, que desaparecen por arte de magia en un acto de escapismo digno de mejor espectáculo, momento en que al igual que ocurre con ciertos concursos para ciertas obras municipales en Compostela, nadie sabe a qué orfanato bursátil va a parar ese dinero.

Estas situaciones alteran tanto la tranquila vida cotidiana de los ciudadanos que hacen que hasta un concierto de Carlos Núñez nos parezca un desfile norcoreano por su organización y eficacia. Pero no hay que claudicar, lo último que se pierde no es la esperanza, sino el derecho al pataleo, ese que se nos vende al peso en los juzgados sin percatarnos de que los edificios judiciales tienen las puertas de atrás abiertas en la misma fachada principal, ahí donde todavía se confunde por algunos la llamada justicia divina con la divina justicia.

Publicado en SANTIAGOSIETE el 17 de Septiembre de 2010

sábado, 11 de septiembre de 2010

De Las Aerolíneas Irregulares

La crisis ha hecho que hasta los vendedores de humo ofrecieran dos por uno de su nada, y todo para descubrir que algunos de nuestros grandes proyectos tienen los pies de barro y con juanetes. Es lo que volvemos a ver con el recurrente asunto de las aerolíneas subvencionadas, un chantaje de bajos vuelos que ha convertido la afluencia de visitantes jacobeos en una versión con concha del simpático Inserso para toda la familia. Se van los aviones como las aves migratorias, buscando el calor del euro, dejándonos en su aleteo el regusto amargo a queroseno de que así no, que debe haber otro medio. O la sensación no menos aciaga de que Santiago no es o no merece ser un mercado rentable.

Son muchos los que piensan que en el asunto de las aerolíneas las administraciones siguen en las nubes, que les puede el vértigo, que es en realidad pan para hoy y zumo de a bordo para mañana. Pensar que a los miles de visitantes los hemos traído nosotros pagados con nuestros impuestos mientras que los beneficios de los viajes aterrizan en otros puntos debe dar que pensar a reacción. Se echa en falta una administración rotunda y eficaz y abandonar esta línea irregular de actuación de los responsables políticos, la de comprar viajeros, pero es como si vivieran aislados en una torre de marfil. O de control.

Publicado en SANTIAGOSIETE el 10 de Septiembre de 2010

lunes, 6 de septiembre de 2010

Del Extraño Verano

Si hay algo más irritante que oír hablar día y noche del síndrome post vacacional es soportar constantemente ese otro nuevo síndrome, el de quienes critican a todas horas el síndrome post vacacional, esa pereza de toda la vida ante la vuelta al cole pero en versión del listo de la clase que tiene sus libros de texto forrados desde julio. Extraño verano este en el que la canícula peregrinó a Santiago colándose como una vieja en el mercado, a codazos, derritiendo cerebros y bolsillos entre pegajosos peregrinos que han vuelto a demostrar que esta ciudad se mueve gracias a la hostelería porque es la única que da caña.

Extraño verano de Almodóvar y fuegos asesinos en el que aprendimos que por una sola hectárea un incendio puede ser noticia o no, cuestión de promoción informativa en palabras del conselleiro de medio rural, ya que del otro medio debe encargarse el ángel de la guarda por lo visto.

Extraño verano, en fin, de toros prohibidos por aquellos que cuando ven unos cuernos la memoria les trae amargos recuerdos, de equipos deportivos que confundieron la cima con la sima, de conciertos gozosos y escapadas a la playa, ciudad que se debate entre las papas bravas y los papas de Roma.

Y sin embargo lo mejor está aún por llegar: ¿estamos preparados para ver al ministro Blanco operado y sin gafas?

Publicado en SANTIAGOSIETE el 3 de Septiembre de 2010

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