viernes, 6 de octubre de 2017

El "derecho a decidir" de Cataluña a Galicia

Por Picheleira

Si hay algo que caracteriza a los políticos que no se cansan de hablar del ‘derecho a decidir’ de los

pueblos, es que todos ellos sin excepción aspiran ser mandatarios en esos pueblos cuando consigan que se decidan. O al menos ministros, con cargo de algo en cualquier caso. Pasa en Cataluña, sí, y también en Galicia, lo cual no deja de ser humanamente tierno y hasta comprensible, pues reconocernos ese derecho para que sea otro el presidente es una petulancia de mal gusto, y para eso nos quedamos como estamos.

Es uno de esos momentos en los que se crea lo que estos decididores llaman ‘un problema político’ que, lógicamente, solo puede solucionarse ‘de una manera  política’. Pero por problema político y por su consiguiente solución política hay que entender, en este vocabulario de tenderas de barrio, todo aquello que no puede plantearse electoralmente porque no se alcanzaría el número de votos suficientes. O, lo que es lo mismo, algo de lo que la gente corriente pasa. Son en definitiva las cuestiones que plantea una formación política que por mil razones (que es una sola en realidad) no tiene representación parlamentaria o municipal para implantarlas. Es entonces cuando a esa propuesta minoritaria, residual o, cuanto menos, artificiosa, se le cambia el nombre por el de ‘problema político’, es decir, tratar de imponer por una minoría un problema hasta entonces inexistente para la mayoría de la población, y si no se atiende, se le monta un pollo de mil pares de narices. Para evitarlo conviene hablar, mediar, dialogar, términos ambivalentes según la latitud, de tal (mala) suerte que la mayoría, sí o sí, acabe aceptando la propuesta de la minoría. Hasta que llegue el momento del siguiente ‘problema político’, claro. Por ejemplo, problemas políticos eran para Martiño Noriega la precariedad, los desahucios, las necesidades vitales de la gente y la cuestión social…. Y ya no lo son. ¿Qué ha cambiado? Que ahora es él quien gobierna.


Problema político, dice también Martiño, sería el derecho a decidir, lo que supone la posibilidad de tomar una decisión soberanista cuando no se está en el poder para que el que la propone pueda convertirse en gobernante a pesar de acabar de perder unas elecciones sin lograrlo. Por eso está garantizado que en este tipo de referéndums solo votarán los que están a favor de nombrar mandatario al que lo propone, para que vuelva a serlo el que ahora está no hace falta votar, como se supone que piensa la mayoría. El derecho a decidir se convierte de esta forma, no en el derecho de un pueblo a su futuro, sino en una alternativa electoral del partido de turno cuando de otra manera no puede alcanzar el poder ¿O acaso no es cierto? Salvo que esté usted pensando en el derecho de autodeterminación de Mali, que ya son ganas de hacer el indio.

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