domingo, 20 de octubre de 2013

Del Caso Faisán al Caso Capón (III): un Carril reversible, o por qué nadie se manifiesta en Santiago



Por Lupe Castiñeiras

No, no estamos a favor de que se prohíba informar acerca de asuntos que estén bajo secreto de sumario, siempre que el que investiga sepa qué hacer con lo obtenido, y siempre que no ocurra, como en Santiago, que se haga selectivamente para que se sepa ‘lo que nos interesa’, que es como hacer de periodista prostituido, o algo así. No estamos a favor, no, pues gracias a esas informaciones ha podido celebrarse el juicio del Caso Faisán que, de otra manera, hubiera muerto de inanición política. O judicial. O puede que de ambas.

Aquí en Santiago nuestro propio Caso Faisán es el Caso Capón, vulgo caso Carril, caso que se presenta con exquisitos matices de difícil digestión y complicada evacuación. ¿Recuerdan la ‘mona’ de Ángel Espadas? Ahí empezó todo, al parecer, cuando el atestado judicial llegó antes a los medios ‘habituales’ que al desinteresado por más que, en honor a la verdad, este no hubiera podido siquiera entonces saber cuál era el anverso o el revés de la denuncia. A partir de ahí todo fueron carreras y desórdenes en lo que se entremezclaban curiosos personajes más o menos emparentados con la política o los políticos para finalmente acabar todo como ya sabemos. Pero al tiempo surgió la figura de un personaje sobre el que cayeron todas las miradas, el agente Carril, cuya desaparición  en Raxoi era, para los del caso Capón, el equivalente a salvaguardar el ‘proceso de paz’ para los del Faisán. Y se pusieron manos a la ubre para demostrar tanto que era mal funcionario como que tenía la costumbre de actuar para socavar el poder popular recién estrenado. Y consiguieron demostrarlo, a juicio de López Suevos. ¿Y cómo lo hicieron? Puede consultarlo tanto en el Auto de sobreseimiento como en el artículo de El País de ayer sábado, ya sabe el que comienza diciendo  ”Tenemos trincado al policía” y acaba, como suele ocurrir, con la desilusionante sensación de ‘¿eso es todo?’.

Estas cosas, cuando se quiere, son jugosas hasta la baba. Métodos mafiosos, se ha dicho, pero sin emocionarnos porque  más parecen de Anacleto acompañado de Mortadelo y Filemón con Ofelia de secretaria en lugar de encargar esos trabajos sucios y desaseados a los subalternos.

¡Esos son los sinvergüenzas que nos gobiernan con maneras de cosa vostra! ¿Por qué no se manifiesta la ciudadanía en Santiago ante estos casos? La respuesta puede ser doble. Primero y obvio, porque la alternativa es el partido socialista y su oligárquica visión de la sociedad. La segunda, menos evidente, más elaborada, se deriva de la sentencia del propio caso Faisán que el tribunal dio por buena, que salvar el proceso de paz ‘justifica’ para la ciudadanía ciertos comportamientos si se alcanza un fin superior. Allá el proceso de paz, acá poner fin a las tropelías de un policía incumplidor y con veleidades políticas. ¿Es esto justo? Creemos que no, pero sirve para explicar la visión de buena parte de la sociedad que, más allá de estruendosos titulares periodísticos que acaban diluidos como azucarillos al leerse, y proclamas de escandalizados políticos que, en realidad, no dicen nada, como vimos con la apocalíptica ‘exigencia’ de dimisión de don Francisco.


No, ni compartimos la sentencia del Faisán ni los métodos empleados por los justicieros de Raxoi. Pero las argumentaciones en ambos casos dan que pensar, ¿es lo que quiere la sociedad si el fin es superior? O, como dijeron ayer en una tasca, “no sé si me preocupan más esas prácticas o las razones de quienes se alinean con el policía pendenciero, ¿qué esconden?”. Un razonamiento, en definitiva, que solo se explica por la deriva putrefacta de las luchas partidistas. 

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