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lunes, 1 de junio de 2015

Compostela Aberta y el gobierno 'de la gente'.....y otros chistes.


Por Lupe Castiñeiras

Si algo hemos aprendido de la presente crisis política es que solo hay una cosa peor que el político  profesional: el político aficionado. Y ello, por dos motivos. El primero, porque está resuelto a defender sus ideales hasta la muerte; y segundo, porque esa muerte debe ser la de su contrincante. Tal es la situación tras las últimas elecciones y el desconcierto creado en buena parte de la sociedad que a esta hora, moviendo los muebles los llamados gobiernos ‘de la gente’ en las instituciones, no se sabe si ya sí los representan, o todavía no, o quién representa a quién cuando hace solo unos días los que ocupaban los escaños no representaban a nadie y ahora sí, o son los de Sol, o quién carallo representa a quién y con qué horario, o quién sabe dónde tiene que ir para que le renueven el carné de conducir.

El efecto del voto en cada cual es fácil de descubrir cuando vemos quién se lleva las manos a la cabeza y quién al bolsillo. E incluso hemos podido comprobar cómo personajes de una sola neurona hablan ahora, ¡ahora!, del éxito de cuestiones tales como la marca y el mercado, el márketing en suma, para explicar los buenos resultados de esos partidos de ‘la gente’. O lo que es lo mismo, personas para las que la gente es un mero consumidor de política, una corriente de pensamiento que funciona a la perfección como caldo de cultivo para la corrupción. Porque de eso se trata, suponemos. O podemos. Podemos suponer, se entiende.

Pero hay algo que, más allá de otros sesudos análisis, diferencia a estos gobiernos de ‘la gente’ de los anteriores gobernantes. Y es que estos actuaban como si la gente fuese tonta; los primeros, en cambio, están completamente seguros de que lo somos. Y ese es su gran error. Resulta un insulto a la inteligencia, incluso de la de quienes insultan a la inteligencia.

Porque la gente no es de nadie, salvo de la misma gente y de sus canciones. La gente no se mete en política, sino al revés. Cuando la gente entra en política deja de ser gente, ya es otra cosa, ni mejor ni peor, sino distinta. Deja de ser música para convertirse en discográfica. Baste un ejemplo cercano, aquí en Santiago, donde Compostela Aberta es, se dice, el gobierno ‘de la gente’, de la calle, del pueblo. Lo aceptamos como tópico de compañía, pero no es verdad. Porque estos son los mismos que desde hace tantos años que semejan siglos, venimos viendo en los mismos lugares, a las mismas horas, con los mismos colores y las mismas consignas, tras las mismas pancartas, con las mismas ideas políticas y la misma voluntad de alcanzar las instituciones para imponerlas. Pensar que una opción política que representa a una parte, muy pequeña, de la gente es ‘la gente’, puede deberse lo mismo a un error que al acierto de algún politólogo, pero nada más. De ahí el peligro, realmente cierto, de considerar que la victoria electoral no ‘de la gente’ solo ha sido bendecido por las urnas sino por el mismísimo Zeus Tronante. De ahí el desconcierto que provocan los que anteayer nos decían que las instituciones no nos representaban y ahora sí, y que pensar lo contrario, solo el pensarlo, sea anatema. Para entendernos, el dieciséis por ciento de una ciudad no es la gente. Creer lo contrario no mueve a la indignación, sino a la risa.

Porque de risa hablamos. Hacen mal quienes tras elecciones enarbolan los banderines del miedo para alertar a la población de los peligros que traen consigo los gobiernos de ‘la gente’. Hacen mal, decimos, porque no deben atizar el miedo, sino la risa. Aquí nos reíamos cuando babeaban los autodenominados gobiernos ‘de progreso’, nos reímos y no poco cuando Conde Roa, tanto más cuando lo de la estafa del trébol, que también era un gobierno ‘de la gente’, y no vamos a dejar de reirnos ahora. Porque la risa es la última ciudadela de la libertad. Nos reímos de los mesías y de sus profetas, que si nadie es profeta en su tierra se expropia y punto. Nos reímos de los salva patrias, de los uniformados de la izquierda y la derecha, de los pensamientos únicos, de los castradores de ideas y lenguas, de los sectarios. Nos reímos de Compostela Aberta como antes lo hicimos del Pp y del Psoe, nos reímos de Martiño Noriega y su dislexia política con las siglas. Nos reímos de todo lo que huela a podar la libertad y nos reímos de aquellos que tratan de imponer la, al suya, libertad a porrazos o sesiones de teatro comprometido.


Que nadie sienta miedo por lo que viene, sino risa. Porque la risa es patrimonio solo de la gente. Los otros son charlatanes.

Lupe Castiñeiras: lampreasyboquerones@gmail.com

martes, 19 de mayo de 2015

Municipales 2015: El Psoe de Santiago entra en su recto final


Por Lupe Castiñeiras

Foto: Arte efímero, pintada en la Facultad de Periodisma USC (2011)
Igual que no hay año que cien males dure, las próximas elecciones municipales pondrán fin, entre otras cosas, a la agonía que a lo largo de toda una legislatura ha venido sufriendo el Psoe de Santiago. Los cuatro años más tristes y amargos del socialismo compostelano llegaron de la mano de un equipo de fútbol, once personas, once, que decantaron el balancín electoral hacia el lado pepero poniendo coto al festín socialista en la ciudad, once personas en búsqueda y captura, once felones como once demonios. Aunque, bien mirado, siempre nos hemos preguntado por qué el voto es sagrado y el votante no. Aunque, mejor mirado, si hay votos útiles y otros que no lo son, qué más da.

Ocurrió así que aquellos once dejaron fuera de la primera línea política municipal a un Sánchez Bugallo que se las prometía tan feliz como niño con zapatos, y gafas rojas, nuevas. Después nadie sabe si se arrepintió, o no, de haber dicho eso de que o era alcalde, o dejaba la política, porque no lo fue y durante meses ahí anduvo de allá para más allá hasta que le colocaron en la lista a las autonómicas desde donde, decían sus palmeros, podría trabajar más y mejor por la ciudad, ignorando que esa efectividad consistía en estar callado y, a ser posible, invisibilitado. No fue aquella la primera espantá que se produjo en las filas indias de los progresistas, que luego llegó Marisa Del Río para firmar al llegar y poco después reafirmar que se volvía a sus quehaceres de antes.

Fue entonces cuando hubo que elegirle un primer sucesor a Bugallo en el Concello, y en esa terna de herederos bien avenidos se vieron las caras, y no sería la última vez, Reyes, don Francisco, y Rosón, doña Mercedes. En un oscuro ‘juego de trinos’ eligieron al primero las huestes del capullo, sus motivos tendrían, colocándose aquel a quien llaman Paco sus allegados y avenidos flamante al frente de la progresía compostelana con hambre de política y sed de político. Y tanta prisa se dio que hasta olvidó dejar de percibir durante varios meses la nómina que ingresaba hasta entonces de la Universidad de Vigo simultaneándola con su cargo municipal. Un error, nos dijo, ni siquiera se había dado cuenta que estaba cobrando dos sueldos, dos, incompatibles. Eso le pasa a cualquiera.

Llegaron en esto las cosas de Gerardo el Breve, ese Conde Roa con Ángel Espadas de infiel escudero y sus cuentas infinitas con la justicia. Y llegó la Pokémon con su rosario de imputaciones y sus papeles. Y mil asuntos judiciales más que hicieron pensar a la jueza De Lara en la posibilidad de trasladar su despacho desde Lugo a Raxoi por comodidad. Poco beneficio sacaron los socialistas de este asunto aún por liquidar, menos aún que los buenos compostelanos que acabaron sabiendo cómo se las gastaban los de Vendex y compañía agasajando al personal, no solo al popular sino, a lo que íbamos, a la grey socialista. De Bernardino Rama a Álvarez-Santullano, y  Mercedes Rosón, entre otros muchos que, elegante entre las elegantes, no se sabe si para entonces ya la serpiente le dijo manzana golden en boca que debía soñar con ser alcaldesa. Buenos regalos que siempre ha callado porque hablar de dinero, aunque venga de mano corrupta, se considera de mal gusto. Hablar de dinero, porque de sobrinas profesoras en Barcelona no se mordió la lengua por tratar de lamer la manzana. Y siguieron los interrogatorios y esas zarandajas judiciales, y la imputación entre cava descorchado de los siete concejales, luego absueltos, y del caso del policía Carril. Y todo para que al finalizar la legislatura el único imputado que queda en el Concello sea, curiosidades vengan, un socialista, el señor Rama, don Bernardino junto con Reyes Leis.

Rama representa, al decir de los desentendidos, el ala dura del partido, el purismo. Existen diferentes versiones sobre el origen de un apodo, El Padrino, que poca gracia le hace como demostró otra Reyes, Leis en este caso, la concejala a la que le bailan las torres de la catedral. Hay quien dice que el asunto huele a queso siciliano, y hay quien asegura que se trata de un mote familiar y cariñoso. Sea como fuere, de cómo se encontró información privilegiada a su nombre en casa de un pokémiko y relacionada con Adif, o ese rumor ciudadano de haber cambiado un soterramiento del trazado del Ave para mayor goce de una hija, son cosas que todavía hoy no andan claras.

Lo que sí andan a clarificar es que donde hay padrino, no falta madrina. Así lo entendió también Conde Roa cuando llevó ante la jueza documentación del Concello sobre diversas concesiones efectuadas por el gobierno progresista, entre la que se encontraba, almenos, una adjudicación a favor del hermano de la entonces concejala Rosón, autorizada en presencia de ella como prohíbe expresamente la ley . Lo cierto es que sobre el asunto permanece secreto el sumario, por lo que sigue pendiente la posible imputación de Bugallo y Mercedes Rosón gracias a las desgracias y las malas artes de Gerardo el Breve que antes de hacer las maletas quiso matar muriendo. Que para muertos en vida ya están los tampoco inconclusos sumarios sobre la posible financiación ilegal socialista de aquella campaña a través de una imprenta, según la instrucción judicial. 

Que como ya son ganas de imputar, hasta por la Casa da Xuventude se presentó denuncia, ese edificio que hasta la convocatoria electoral iba a ser derribado merced al acuerdo de los tres partidos, pero que ya no, y no porque las circunstancias han cambiado. Y quienes ayer votaron por derribarlo, hoy andan de denuncias y firmas y concentraciones y todo eso. Pero de las circunstancias cambiadas, ni rastro. Elecciones aparte. Y Porta Faxeira aparte, y Carreira do conde aparte, y Galeras aparte.

Y sucedió que entre concentración y plataforma a tanto voto la hora, llegó el momento de elegir al líder supremo de los socialistas en Santiago, el ayatolah de la progresía patria y matria, elección que para pocos analistas supuso como acabar de quitar el agua a la piscina donde iban a tirarse. Contados fueron los que imaginaron que esa elección no iba a decidirse por méritos políticos sino por metro cuadrado, no por valía personal (sic) sino según el catastro. Junto a Conde Roa, el vodevil de Reyes y Rosón ha sido el asunto que más ha hecho reír a carcajadas a Compostela durante estos cuatro años, esos ‘pisos patera en los que se hacinaban con la papeleta en la boca neoafiliados de uno y otro candidato. El argumento era claro, si el uno lo hacía, la otra no iba a ser menos. Del efecto ‘Podemos’ al efecto ‘Cabemos’. Parecía que el socialismo en Santiago tocaba fondo, pero no era cierto, pues al bochorno que saltó entre burlas a la prensa nacional (solo Wyoming no dijo nada y hay que ser agradecidos) se pasó a lo del  Trébol, cosa que estuvo muy graciosa al principio hasta que se supo que no se trataba de una broma infantil de las de cámara oculta, sino la base de una candidatura con presentación en sociedad en la que no se supo bien si se vendía un proyecto o un crecepelo milagroso. Lo cierto es que no faltó nadie a la cita, ni los que debían estar ese día ni los que esperaban tocar pelo pasadas las elecciones. De lo que resultó todo aquello siempre nos quedará para el recuerdo en la galería de grandes astracanadas compostelanas.

Porque fue Reyes, omnipresente Paco, quien se hizo con la candidatura y a Rosón, que nadie le ha dicho todavía que perdió, le entró la cosa chunga y se fue del Concello. Si las bases no me quieren, cambiemos las bases. Pero ni así. Que dicen que le cerraron el paso para evitar que el partido, el socialista, se convirtiera en algo parecido a una empresa de catering de las que organizan bodas y eventos ‘culturales’, regalando su legado y votantes a la izquierda. Ahora dicen que espera a la puerta de casa ver pasar el cadáver de su enemigo….


Y quedaba todavía un último entreacto en la tramoya de una oposición socialista que en cuatro años se ha fagocitado a sí misma. Ha ocurrido cuando el círculo se ha cerrado sobre sí con la llegada al mando de la nave de una prima de Sánchez Bugallo, como si todo volviera  a empezar, como una legislatura de la marmota, la prima de riesgo a la vista de las encuestas. Eso sí, con el susodicho exalcalde en el último puesto de la lista. ¿Un simple e inocente detalle honroso lo de cerrar la lista? Que se lo pregunten a Agustín Hernández.


domingo, 17 de mayo de 2015

"Ciudadanos" en Santiago: ¿programa electoral o libro de familia?




Y es que según la información elaborada por Compostela Cívica, la regeneración, bien entendida, comienza por los demás. Buen ejemplo de ello es la lista presentada por Ciudadanos en Santiago cuya lectura, entretenida e hilarante en ocasiones,  permite entender qué se mueve hoy en la política compostelana. Dobles afiliaciones, históricos veteranos, Pp e UPyD como cantera de candidatos. Y el llamativo arbusto genealógico que hace que una formación política parezca más una comida familiar.
Un lujo para los (re)sentidos que no se puede perder....



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lunes, 20 de abril de 2015

Pedro Rey, ¿un hombre de paja, o 'del trébol', en la lista de Agustín Hernández?


Por O.P.

(.....POCO TARDÓ EL ALUDIDO EN BORRAR EL 'TUIT'  PARA HABLAR DEL ASUNTO CUANDO TENGA CONOCIMIENTO DE CAUSA "Y NO COMO AHORA". O ESO DICE......)

Suele ser habitual que, con la floración de las listas electorales, acudamos a ella como quien consulta la lista de la lotería, para ver quiénes la integran por si nos ha tocado un premio gordo en forma de familiar, amigo, conocido por participación, un premio menor o algún reintegro que nos haga más llevadera la dura vida administrativa. Y si no, pues siempre estará Ciudadanos. 
De ahí el interés desatado en conocer la 'popular', se supone, y las paradojas de algunos de sus miembros que en ocasiones se confunden, o no, de afinidad.
Cuentan que es el caso del número diez del señor Hernández, Pedro Rey, presentado como director de la página web de la USC pero bien conocido en otros ámbitos reticulares por sus amorosísimos escarceos ideológicos. O, dicho en román paladino, a quien se conoce como el hombre de la candidatura socialista del trébol incrustado en el libro de familia popular. 

Y es que gracias a su inclusión en la lista, el señor Rey tendrá la oportunidad de contar con un alcalde como amigo, que es una de sus máximas aspiraciones según cuentan que cuenta, y de paso podrá conocer quién es el amigote a quien tanto y tan bien enriquece el actual mandatario municipal. 

Habrá pues que felicitar al señor Agustín por el "buen ojo" que ha tenido en la elaboración de una candidatura tan compostelana, ya
que ha sido capaz de integrar donos tanta sensibilidad ciudadana que no duda en reservarle un puesto a otros partidos...


lunes, 16 de marzo de 2015

Municipales Santiago 2015: Rubén y un señor de Teo


Por Ana Ulla

Suele ocurrir en Santiago que la liebre salta donde más se la espera.  Tal vez por ser una ciudad privilegiada, única, exquisita y profundamente afortunada ya que, de entre todas las que salpican el orbe conocido y por desconocer, ha sido la escogida por Martiño Noriega para plantar sus reales. Por la ventana de atrás, eso sí, la que se deja abierta después de usarse el excusado, pero abierta al fin y al cabo. Noriega, que pretende batir el record de José Canedo en su afán por presentarse por más siglas/elección, ha elegido la ciudad de los apóstoles con el aura que le da el haber sido en los últimos años, siglos para algunos, el lazarillo del tormes de Beirás, río a modo de Rubicón con propiedades del Limia, y el bagaje incontestable de cambiar de sombrero en marcha siendo regidor de un Teo cuya gestión, al parecer, es aval más que suficiente para el leal saber y entender de lo Compostela necesita y que es, como cualquiera sabe, una cosa distinta cada día. 

Lo cierto es que su irrupción en campaña ha supuesto todo un jarro de agua templadita en el panorama apolítico compostelano a falta de pocas semanas de lo se que augura más como reyerta que como batalla electoral. Y no faltan sinrazones para ello. Será un gusto asistir al momento en que el Elegido, Martiño, se vea calva a calva con el Legítimo, Cela (no confundir con el otro), el de nombre Rubén, y la cara que en las sombras de sus gritos regalará esa bruja mala que dice ser y hasta llamarse Yolanda (Iolanda, que suena más tremendísimo en gallego) Díaz Pérez (que suena a señora de Cuenca, qué le vamos a hacer). Llegará así Martiño en lo que se espera sea su gran salto sin saber si será adelante o atrás, salto mortal o salto de mata. Y lo hace  de la mano afilada de Compostela Aberta, la formación que busca devolver Santiago a sus ciudadanos, por más que lo contrario, devolver los ciudadanos a Santiago, sería más provechoso al decir de algunos. Limpiar la inmundicia de Raxoi como Hércules limpió los establos de Augías, esa será la tarea, bien remunerada, de cuantos se postulan. Una propuesta que llega con un marcado “carácter social”, se oye decir por los rincones, y se asiente con la venerable nobleza del mulo que sube y baja la cabeza, como si supiera de qué se le habla, en actitud de profunda y grave sabiduría porque, ¿qué es lo contrario al carácter social de lo que no deja de ser una candidatura política, pura y dura? Misterios de la entelequia politológica, esa que es capaz de hablar sin peinarse de agrupaciones muy democráticas.

Y es que a Santiago, en fin, también le llegará su Martiño, santo o no, anunciado como una marea ciudadanísima, o como una riada, o como una tubería rota, dependerá de lo alargada que sea una sombra de Conde Roa y su festivo recuerdo en la memoria de ameba de los compostelanos. Llega Noriega en olorcillo de multitudes y no sabemos si será capaz de acallar esa otra cabeza brillante, por encerada, del socialismo santiaguérrimo, la de Reyes, Paco, que camina hacia la vara de mando por un camino de pétalos de espinas sin rosa, que es una variedad de capullo de esa flor, o de pétalos de tréboles, alimento sabido como gustoso del rebaño más bovino.

Llega el prohombre de Teo y desde el Pp ya sienten las mariposas en el estómago, la risa floja, las caricias en las rodillas de la otra bajo la mesa, la mejor noticia que podían esperar, aritméticamente hablando, haciendo palmas con las ojeras, tendiéndoles a sus acólitos puentes de plata donde colgarse  después para desdicha de unos y nueva desazón de esos otros ‘peperos’ que con los socialistas, léase ‘coaliciones de progreso’, hacían más y mejores negocios que con sus cuates de carné.


Llega Martiño Noriega a Santiago y no se habla de otra cosa. Será que el asunto trae cola. O coleta.

jueves, 5 de marzo de 2015

"Oitenta días son, oitenta nada máis..." Santiago Municipales 2015


Por Belén Vázquez

Como si do título da novela de Julio Verne se tratara, a viaxe que debe realizar a cidadanía de Santiago de Compostela conta, á vez que desconta desde hoxe ata a celebración das eleccións municipais, con oitenta días para escoller. Ou eliximos un xiro, non se sabe aínda si copernicano ou pola contra e moda kantiano, que evite ese nefasto e desalentador escenario no que algúns din que vivimos ou optamos por xirar, nun golpe desesperado do destino, eses trescentos sesenta graos dos que tanto e estupidamente se acostuma a falar e que nos levan a ficar no mesmo punto.

Na novela que nos ocupa somos nós quen lle dá vida ao personaxe de Phileas Fogg, coas súas constantes dúbidas, as incesantes decepcións e algunha que outra desesperada e tormentosa inquedanza, xa que o resto dos personaxes desta arriscada historia teñen os seus "parteners" nunha serie de debuxos, que máis que animados a loitar pola vitoria electoral semellan condenados a entreternos antes dun final que eles mesmos parecen coñecer, aínda que non queren recoñecer.

Polo miúdo poderiamos entender que Mr. Sullivan, ese cordeiro con pel de lobo que dirixe as nosas finanzas, é o papel que encarna o actual alcalde de Compostela, quen sen moito esforzo na xestión aínda que con bastante ruído nas decisións, representa a un personaxe traído a colación, para impedir a coalición. A súa misión non é outra que garantir o fracaso desa aventura na que se converteu mudar a desventura que padece a capital, na que moitos son os que se queixan ás agochadas polas tabernas da actualidade pero poucos os que se implican nas institucións da información.

Ante a ausencia doutro Rigodón, o recentemente contratado maiordomo do PSdeG ten asumido esa arriscada empresa que supón dar a volta ao noso comportamento electoral, aínda que non ten, nin parece ser que tivo, moitas papeletas para que as súas eleccións, herdadas e impostas, recaden o éxito necesario. Pola contra o seu compañeiro de circo, Tico, repite candidatura desde a bancada nacionalista con máis fame que víveres e coa misión de loitar pola supervivencia dos seus, fronte á fronte dos outros, nunha travesía en solitario da que disque van quedar poucos superviventes e na que será ese marcado acento español o que remate por pór fin as súas histéricas, que xa non históricas, aspiracións.

E como non hai dous sen tres e a todos nos ten que chegar o noso san Martiño, desde un punto externo a esta recta final para coñecer ao novo rexedor, un terceiro posible candidato que fai gala de vir da aldea gala, nunha esperpéntica carreira política que pospón de momento o seu desembarco en San Caetano, ameaza con aterrar na capital para arrimar sensibilidades e conformarse nunha especie de voto útil que dará traballo temporal a uns cantos inútiles.

Seguindo o guión desta serie tan animada de antropomórficos animais, queda por ver si algunha desas incipientes candidaturas ten a ben rescatar á princesa Romy da queima na que se inmolou por procurar o interese dos seus parentes, si xorde algún estraño Transfer sen partido ou alternativa que dedique boa parte dos seus días, e dalgunhas noites, a confabular contra o poder establecido e si algún ávido e voraz xornalista asume o papel de Ralph e é quen de ir informándonos do acontecido, poñendo algo de verdade e sentidiño a este traxecto cos días máis contados que cantados.


Haberá quen, apelando e esa tan manida capitalidade, insista naquilo de que na cidade suspendida entre o cénit e o nadir o peor sempre está por vir mais será responsabilidade nosa buscar o mellor xeito de narrar esta historia, apostando por calquera das adaptacións desta andaina, e empregar todos os medios para chegar, neste caso, a bo aeroporto. Queda por diante un curto percorrido, cheo de desventuras e reencontros do que, se o tempo acompaña, habemos de ir dando malvada conta. Ao fin e ao cabo, como xa cantaba Mocedades na cabeceira da citada serie, do que se trata é de que o pasemos ben. E sexa como fora ou fóra como sexa, o único certo é que "son, oitenta días son, oitenta nada máis...".


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