La noticia fue conocida a finales de la semana pasada cuando, según ciertos testigos, a punta de artículo lacrimógeno y a plena luz del día le arrebataron algunos de los últimos jirones de dignidad que abrigaban su esperanza.
Y es que, ya se ve, elaborar un titular y hasta un artículo sensacionalista es muy sencillo: basta con que al autor no le importe el descrédito que conlleva y, sobre todo, que compense económicamente, luego lo llamas historia, grande o pequeña, y hala, a correr con el bolsillo abrigado.
Zapatones es un filón periodístico, perfecto para cerrar una edición a falta de material, artista de la treta que con exquisita periodicidad encontramos en medios de todo pelaje que pretenden “descubrir de verdad” y de una vez por todas a los compostelanos (¡) la faceta, siempre humana, del inquilino más célebre de la gran plaza. Estudiantes, neolicenciados, informadores foráneos o con prisas, malos periodistas con demasiada frecuencia, siempre hay alguien dispuesto a contar “las verdades” del peregrino de nariz acolchada. La última de estas “hazañas”, de este periodismo humano, de estas historias grandes o pequeñas puede usted leerla unas entradas más abajo, pretendiendo llevar la lágrima al punto en que cristaliza en diamante. Y…
…y reconozcamos que redactar una historia con pulidos elementos de drama, soledad y enfermedad para espolear las conciencias ciudadanas se vende como cosa de extrema justicia; marcharse después uno a casa dejando al doliente, su soledad y enfermedad allí donde lo encontró parece, empero, cosa de gran higiene; pero cobrar además por todo ello debe ser ya la leche. Pero eso no es noticia.
Porque ahí sigue el buen mal hombre, al cuidado invisible y callado de quienes no cobran por contar su historia, aquellos que han visto cómo esa historia contada ha echado por tierra mucho tiempo de trabajo poco noticiable. Pero mejor no preguntar para no estropear el artículo. Eso no es noticia.
¿Cree usted que los avezados reporteros pagaron a Zapatones por posar y contar su historia? Hay quien cree que no, quién sabe, pues de ser cierto le habrían pagado menos de lo que el medio esperara cobrar, o no compensaría el trabajo ¿Y el medio entonces? La Voz de Galicia tiene aprobadas unas subvenciones que supera el medio millón de urdangarines, dinero público (también suyo de usted, por supuesto), dinero de todos que habría servido, a su vez, para pagar a Zapatones por dejarse contar su historia, dinero que habrá sabido emplear según su leal saber y entender. Seguro que sí. Retorcido, sí, pero real, una merluza a cuenta del contribuyente. Sibilino periodismo este, extraña manera de entender la responsabilidad que conlleva percibir una subvención…pero eso no es noticia.
Nadie podrá impedir que Zapatones se lance por un precipicio si así lo decide y, ese día tampoco faltará quien cobre por contarlo afirmando con no hay nadie con él para evitarlo, que está solo. Olvida que los demás, quienes no se aprovechan de su necesidad, aquellos cuyo trabajo puede estropearle el artículo, están abajo para que al caer no se haga daño. Pero eso no vende.
Por cierto, y cito textual de quien lo vió, “el día que se conoció la noticia del desahucio de Zapatones, algunos de los mimos que hay en el Obradoiro acudieron a los Servicios Sociales (del Concello de Santiago) porque querían las mismas ayudas que Zapatones, y al saber que eran menores que las que ellos recibían, cambiaron de opinión”. Es lo que tiene el periodismo amarillo. Amarillo oro, claro.