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lunes, 26 de septiembre de 2016

Elecciones 25S: El Análisis Total


Por Picheleira

Desconfíe de los análisis electorales que se extiendan más allá de las cuatro líneas, los que tratan con
indulgencia de explicar los resultados de cada formación ahondando en sus razones y, en general, de todo cuanto le huela a sesudo estudio, solo tratan de confundirlo o, lo más probable, ttratar de venderle algo.

En el caso de Galicia en general, y de Santiago en particular, cualquier análisis, como las comparaciones, resulta ocioso y su causa es única aunque con mil caras. 

¿Quiere saber qué ocurrió en esta ciudad para que si dieran los reultados ya conocidos en las elecciones del 25S? Vayamos a la esencia, a la fuente, y saldremos de dudas.

Ayer dijo Manuel Dios: "Imaxinade que gañamos...."

Y la gente se lo imaginó.

Y pasó lo que pasó. 

Y no haca falta explicar más.

domingo, 3 de julio de 2016

Pereza hasta en la autocrítica

Por Ana Ulla

Mal hacen los partidos de la oposición compostelana en seguir confiando la debacle de Compostela
Aberta a que Martiño siga manteniendo como concejal a Manuel Dios porque el día que descubran la fuga de votos que les supone el buen señor, se les acaba el chollo. También ellos deberían hacer autocrítica, como ha hecho el alcalde. Sí, Martiño ha hecho autocrítica, no a él, claro, sino a los demás. Por alguna razón se ha incorporado y le ha hecho la autocrítica a todos en un artículo que publica hoy La Voz, en realidad un sofrito soso, escurridizo y pasado de fecha de todas las frases facilonas que le han dicho que se le ocurra esta semana. Pero autocrítica al fin y al cabo, ajena pero autocrítica. ¿Una prueba de su humildad? No creemos, porque sabemos, y él también lo sabe, que no la necesita. Nada nuevo para concluir que los resultados son extrapolables solo en los aspectos que él diga, y cómo él diga y cuando él diga, ya que ningún análisis, excepto el suyo, está bien hecho, sin olvidar que en Santiago hubo tres alcaldes en cuatro años, por supuesto. Y de ahí no sale.

Al contrario que en Diciembre, cuando no escatimó en comentarios sobre la extrapolación, ahora solo puede extrapolarse según el código de la autocrítica ajena, según su criterio. A partir de ahí comienza su habitual desfile de autocitas célebres que valen lo mismo para una cosa que para la contraria, para afirmar que para negar, para esto que para aquello, esa pereza intelectual envuelta en celofán que tanto gusta en su partido porque evita la ardua tarea de pensar. Porque pereza es lo que transmiten sus palabras, desgana, hastío y cansancio y hartazgo porque lo que gusta es la fiesta y que le aplaudan y le rasquen el lomo y las mujeres le digan guapo. Y ya está.

Que un grupo de burgueses acomodados como es Compostela Aberta se aproveche de la necesidad de la gente para alcanzar el poder no necesita autocrítica. No la merece, nos dice Martiño. ¿Por qué? Porque hubo tres  alcaldes. En la autocrítica no hay una sola palabra referida a la mayoría social agredida o esa la emergencia social que le dio el poder. No, vuelve a hablar del régimen del 78 como ayer hablaba del soberanismo como remedio para la crisis, o este viernes de la plurinacionalidad, y mañana de lo que haga falta y le aconseje el márketing político. La gente, ahí están las subvenciones y los contratos a dedo, es solo SU gente. Y eso no es autocriticable. 

Solo nos queda una duda, la habitual en estos casos: cada vez que habla Martiño nos recuerda a Simeone y su "ir partido a partido" porque ¿lo hace como portavoz de Anova, como ex de BNG, como alcalde de Santiago, como miembro de Age, sujeto de Podemos, cosa de En Marea, cabeza de Compostela Aberta, Mareas Vivas, Atlánticas, Encontros Irmandiños…o qué? ¿O simplemente es ‘ese señor’ que hace que el Concello contrate a la empresa de su señora?



Ana Ulla: lampreasyboquerones@gmail.com

jueves, 28 de abril de 2016

María Rozas y la noche del Gran Cobarde


Por Picheleira

Tuvimos, en fin, tiempo de tener la oportunidad perdida de poder perder el tiempo. Fue una emboscada y a María Rozas le tocó bailar con los más feos. Se reunieron, en fin, en coloquio televisado los portavoces de los grupos municipales, y la dicha Rozas. ¿Por qué ella y no su jefe? No sabemos si lo invitaron o no, o si declinó su asistencia, o no. Pero lo cierto es que no fue. Y la mandó a ella. Sobre el diván que había sobre la mesa, los temas habituales, los de la ciudad, uno tras otro como una aurora de rosarios desgranados, en detalle, con datos, datas y ditirambos. 

Martiño, aplicando su normativa sobre transparencia, no fue, insistimos. Actuó como un cobarde, el Gran Cobarde. Mandó a su segunda para que la apalearan a ella, para que le sacaran primero los colores y luego las asaduras, asaeteada por mil cuestiones que casi un año después siguen sin respuesta. Rozas hizo lo que pudo, la cabeza gacha, el dedo enrojecido de tanto meter y sacar el anillo, escribiendo, pues eso, como una posesa. Porque no era ella la que debía estar, sino el Gran Cobarde, ese que se hace tan valiente en su muro social de lamentaciones dando lecciones de grandeza para, a la hora de la verdad, esconderse enano como una liebre. No estuvo Martiño en el primer debate televisado que ha tenido la ciudad, justificándose tras las excusas de buen pagador de los suyos. La víctima del sacrificio del Gran Cobarde supo mantener el tipo aguantando las embestidas, las contradicciones, las mentiras de sus compañeros de partido que berran como colosos en la banda ancha pero que se cagan encima si ven que van a partiles, políticamente, la cara de cemento armado, esos Manuel Dios o Xan Duro que en ese anonimato de la impunidad institucional no dudan en hablar de medios de comunicación vomitivos, pseudoxornales o pseudoxornalistas justificando de este modo actos como los de Carvajal o Escolar. El Gran Cobarde que critica al medio de comunicación no tuvo redaños, criadillas de ir al debate, no, que enseguida farfulla, le tiemblan las piernas, se le quiebra la voz, lloriquea si se ríen de él cuando compone odas para autojustificarse. 

El Gran Cobarde manda a una mujer para que se la coman los perrillos revestidos de leones no sea que a él le tiren de la oreja, o de la hemeroteca, no sea que no tenga, como en las entrevistas que sí le gustan, las preguntas preparadas, no sea que le hagan hablar, decir qué demonios hace al frente de una ciudad que desprecia, gobernando a unos vecinos a los que desdeña, en un cargo que considera rastrero para la visión parnásica que tiene de sí mismo. El Gran Cobarde volvió a revolverse en sus complejos de mal político para investirse de mal compañero dejando a su segunda que muriera con los botines puestos con tal de no salir él mal parado de algo tan apocalíptico a sus ojos como rendir cuentas de lo que hace. El Gran Cobarde volvió a esconderse como una vieja por miedo a no tener las respuestas preparadas, a que le preguntasen algo no pactado, a enfrentarse a políticos y no al grupo cotidiano de periodistas a los que seduce con hemistiquios insufribles, por el pánico a que le preguntasen el ‘por qué, a que alguien se saltase el guion y quisiera saber qué piensa sobre contratar a dedo a la empresa de su señora. El Gran Cobarde en su ruindad no fue quién de dar un paso al frente y prefirió sacrificar a un peón para seguir siendo reina. Porque al Gran Cobarde solo le importa él.

Perdió el acomplejado alcalde la oportunidad de demostrar que está por encima de críticas, de las manipulaciones que tanto le gusta denunciar, de las desinformaciones que tanto critica en la soledad de su teclado sin que nadie le moleste, tuvo la oportunidad de dar un golpe de autoridad moral y demostrar que sabe dar la cara. Pero no lo hizo, se cagó encima. Y mandó a una valiente María Rozas que demostró dos cosas: primero, que a la hora de la verdad Noriega es mentira, un gallina, y segundo, que espera que la recompensa esté a la altura del bochorno que le hizo pasar. Pero que no se haga ilusiones, si Noriega ha llegado adonde está no ha sido por cuidar de sus lealtades sino de sus palmeros.


Y el Gran Cobarde, que nunca pierde la sonrisa, podrá presentarse hoy sin una sola herida, sin un arañazo, sin un hematoma para seguir dando lecciones y soñar con el paraíso que se tiene prometido para quienes le aplauden. Dos frases edulcoradas y aquí no ha pasado nada. De este Gran Cobarde puede asustarnos el poco aprecio que tiene por la ciudad, pero provoca horror el desprecio que tiene hacia las personas, especialmente aquellas, como su concejala, capaces de enterrar su dignidad para salvaguardar la de aquel que la considera, como al resto de sus ‘hermanos’ combustible de la imparable locomotora que es su soberbia ambición. Y punto.


lunes, 25 de abril de 2016

Pentapolín en Buenos Aires

Por Ana Ulla

Martiño Noriega será recordado en la Feria del Libro de Buenos Aires por algo que nunca antes nadie jamás había logrado, todo un hito, una hazaña, una épica: ha conseguido aburrir a los argentinos. Y es que finalmente se cumplieron las expectativas y el viaje del Alcalde Noriega a Buenos Aires ha resultado ser, para Santiago, un ridículo del tamaño de su obelisco. Ha ido, pero no ha estado, comentan los medios de allá. Sin embargo, y para ser justas, habría que decir en su descargo que no ha sido todo culpa suya, sino de los argentinos, que hace muy pocas fechas votaron y rechazaron abrumadoramente las propuestas políticas y sociales que precisamente representa Martiño, es decir, las de Kirchner. De ahí que lo que prometía ser un baño de multitudes en la tierra prometida  haya quedado en las salpicaduras de una presencia semi clandestina, un sentirse en tierra extraña, la de un personaje político que llegaba para vender todo aquello que encarna lo que llevó a aquel país a la ruina, y cuyos amargos frutos comenzamos a mal saborear en Santiago. Y en ese ambiente el bueno de Martiño prefirió hacer mutis por los foros del Libro y pasearse como un corderito con piel de corderito donde le quisiesen bien.

Se podrá decir que su misión evangelizadora no era la de hacer política, sino participar en un encuentro editorial. Se podrá decir, es cierto, pero si leemos sus entrevistas no ha hablado de otra cosa que no sea de política, de la suya, naturalmente, de las Mareas. De ahí, insistimos, que las crónicas bonaerenses hablaran de los monumentales bostezos que se vieron y escucharon durante su discurso de inauguración en la Feria como Alcalde de Santiago, que no están los australes para escuchar más batallitas, las suyas, de malísimos guerracivilistas ni, por enésima vez, lo bueno que eran Castelao, Díaz-Pardo o el asesinado alcalde Casal, referente de alcaldes no elegidos democráticamente en unas elecciones, que todo eso ya lo saben, que no hay político gallego que cada vez que pisa tan benditas tierras se apresure a recordarlo para hastío de sufridos auditorios. Un discurso que a juicio de los reporteros locales colocaba a Santiago, con Noriega al frente, otra vez en 1936. Y todo porque sí. Aunque no importa, porque en realidad él iba a otra cosa.

Después, y durante cinco días, siguieron las entrevistas en la oscuridad, las visitas VIP guiadas con tournée fotográficos. Pero de lo de la Feria del Libro, en fin, ha quedado en una sopa de letras, que muy poco más se supo aunque era, se ha dicho, el motivo de tan generosa visita. Y eso que Martiño es amigo de fotografiarse rodeado de libros, característica propia de quienes leen poco, aunque no seamos quién de compartir la creencia popular acerca de su proverbial incultura o de que cuando no hay cámaras no ha leído otra cosa que las letras que le indica el oculista cuando va a graduarse, leyenda urbana ésta escuchada a algunos de sus allegados. Aunque no importa, porque él en realidad iba a otra cosa, y era Santiago la que debía representarle a él. Lo vimos así colarse, haciendo bulto, en los actos que organizaba la Xunta con los gallegos de la Plata con motivo de la Feria, para después marcharse a presentar libros de esta invitada de Maduro o de aquel otro, o anunciarse ciertos discursos en la sede del sindicato de trabajadores de Kirchner, meollo y razón de la algarabía social callejera. Poco literario el asunto, es cierto, pero sus compromisos políticos no le permitían pasar página ni siquiera para representarse como el poder en la charla de Teresa Moure, oh paradoja, sobre el contra-poder.

Más interesante hubiera sido la proyección iberoamericana del rimbombantemente llamado Mapa Literario, presentado en la Feria y puesto en circulación en lo que se han denominado circuitos alternativos, tal vez por aquello de meter a Suso de Toro entre Rosalía o Valle-Inclán, y él consentirlo. Tampoco importa, porque el Mapa es obra de la asociación que crece como los espumarajos al amparo de subvenciones y colaboraciones del Concello de Compostela Aberta, ‘que nunca le niega nada’, dice, y que va camino de convertirse con el dinero de todos en el paradigma de la cultura literaria oficial: el que no beba de sus aguas quedará fuera. Asociación, para qué olvidarlo, a la que pertenece la coruñesa empresa de la señora del Alcalde, que también es casualidad, y sin olvidar tampoco los provechosos derechos que la creación de un gran artista le reporta, que más casualidad no cabe, a la concejala que manda y ordena en esos temas cartográficos. Que ya que se mete uno entre pecho y espalda semejante viaje, qué mejor souvenir que traerse para casiña la promesa de un nuevo mercado. ¡Si vamos a tener AldonzasLorenzos en Santiago, al menos que sea mancomunada! Son esos misterios de la representación institucional de Noriega, el mismo que hace solo dos semanas era invitado al décimo aniversario de la asociación de polacos en Santiago, pero que prefirió mandar a su escudero Manuel Dios, ‘nasío pa’ aplaudí’, mientras él colgaba en sus muros las fotos que a la misma hora se hacía de fiesta, en un concierto, con sus amiguetes.

Así que adiós Buenos Aires y hola Santiago de la triste figura sin su música, la ciudad donde viven los más grandes gigantes a los que el alcalde cree molinos. Será como vimos en Buenos Aires que él vive en otra época, en otra realidad y en otro deseo, haciéndonos creer que el genio que escribe su historia, como el terrible sabio Frestón a don Quijano, nos tiene a todos confundidos y engañados por lo que vemos. A todos menos a él.


(Y sabiendo además que él no admite que le inviten a nada porque por lo del Código Ético, nos duele pensar en el desembolso que habrá tenido que hacer de su propio bolsillo…….O no.)

Ana Ulla: lampreasyboquerones@gmail.com

sábado, 27 de febrero de 2016

Manuel Dios, Manolo 'el del Bombo'


Por Ana Ulla

Andábamos por el año 1979 cuando Manuel Dios se presentaba por primera vez a concejal en Santiago. Ya entonces era ‘gente’, un tío ‘del común’, acuciado por la emergencia social y dispuesto a cambiar el régimen caduco del 78. No se trataba, sin embargo, de su primera incursión electoral ni sería, desde luego, la última, que Manuel Dios, Manolo el del Bombo como le llaman en las oscuras esquinas de Raxoi sus subalternos, es uno de esos políticos-percebe que se aferró en su día a la roca de lo público y de ahí no hay quien haya conseguido moverlo si no es como delegado sindical, por una excedencia o por padecer un arranque de jubilación precoz. Es un ejemplo vivo, reliquia y divertidísimo de la nueva política, esa que nunca se acaba. 
Y así hasta hoy en que un Martiño que no quiere gente válida a su alrededor que pueda hacerle sombra, le dio el actual cargo ‘de cuota’ como el mejor tonto útil que encontró en Cacheiras, que mientras haya Manolo y Bombo capaz de hacer el ridículo sin sonrojarse a cambio de una galletita y una palmadita en la espalda, a él irán a parar los palos de su frenesí. Solo alguien que presume de presumir puede enorgullecerse de formar parte de un gobierno que reconoce discriminar a mujeres necesitadas por razones ideológicas o políticas. Manuel es así cuando da la cara: cuarzo, feldespato y mica. Y, si podemos, dinero de Irán.

Estas son solo algunas de las cosas que se cuentan en la propia hagiografía que se ha auto elaborado el atolondrado edil, una vida de santos que se supone está destinada a dar lástima, que no creemos que la haya hecho para ridiculizarse a sí mismo, que es de izquierdas pero seguro que no tanto. Lo cierto es que ni aquí somos capaces de sustraernos a la ternura que nos provoca Manuel Dios, Manolito el Pescador como le conocen en lo que él llama ‘la comunidad educativa’, gracias a sus homilías diarias, alguien que no admite reproches de quienes no estén a su altura moral por haber tenido algo que ver con Conde Roa, que precisamente aquel que ha conseguido con sus maneras de párroco reseso que casi olvidemos al impagable Gerardo ‘el Breve’. Disfrutamos como cativas con sus sermones de cada día, su pacifismo de salón, sofá y manta sabiendo que la paz es el camino, y el camino es vivir de la paz, porque hay paz buena y paz mala, terroristas buenos y malos y guerras justas e injustas, que no toda guerra es mala según de quién se trate ni todo terror malo si viene de aquí o de allá. Unas risas, vamos. Que para eso está Manuel, para hacernos reír cuando nos explica sus cuitas con los comedores escolares como si en Santiago fuésemos tontos o votantes suyos. Que lo suyo de él, y así se recita en su oda a sí mismo, es llenar las calles de la ciudad de niños jugando, riendo, cantando en corro y recogiendo florecitas, que lo de la excelencia académica, la mejora del rendimiento escolar o la inquietud cultural o científica es cosa de fachas. Y nos reímos, vaya si nos reímos de este Manolete que en el año que va ya para concejal solo ha conseguido dos cosas, intentar que los nenos vayan andando al cole y, ¡oh, sorpresa!, autoasignarse una subvención para la Asociación que fundó, presidió y de cuya directiva actualmente forma parte. Todo lo demás ha sido hacerle la ola al Amado Líder, el señor Noriega, y….bueno, y nada más.

Mucho ha llovido desde aquel 1979, ahora Manuel Dios es rico como buen hombre de izquierdas, y posee un patrimonio inmobiliario descomunal en Santiago que también le ha llegado por herencia, o eso dice. Que ya lo decía Susanita, la amiga de Mafalda, cuando le preguntaban si estaba a favor de la propiedad, y respondía que depende de la de quién. Así es Manuel, Manolo el del Bombo, una de las piezas más preciadas de Compostela Aberta por su incapacidad natural para la vergüenza, tal vez el mejor tonto útil de Martiño y, sin duda, uno de los hallazgos cómicos por ridículo y más sobresalientes que haya dado la política en Santiago. Si alguna vez la ciudad cambia de gobierno pedimos a quienes alcancen el poder que le permitan seguir en su puesto. A fin de cuentas no sirve para nada pero las risas que nos regala no tienen precio.


Por cierto, la formación por la que se presentó en 1979 se llamaba el Partido do Traballo. Con ese nombre y conociéndole, no logró engañar a nadie, claro.

Ana Ulla: lampreasyboquerones@gmail.com

martes, 19 de enero de 2016

Manuel Dios, el excusado de Raxoi.


Por Ana Ulla

Siempre hemos defendido a los políticos que se hacen rastafaris, del mismo modo que siempre hemos desconfiado de los rastafaris que deciden hacerse políticos porque, o engañan a su bandera pilosa, o engañan a la política. Será, como se dice, cosa de la nueva política, esa que evita cualquier evolución natural para lograr que siga siendo siempre la misma. Porque si hay algo que caracteriza a la actual política rupturista es que es capaz de romper con todo excepto con su amor de adolescente hacia el puesto conseguido. Véase si no el caso comentado en media España, el del concejal compostelano Manuel Dios, que no es que le guste su puesto, es que se ha fundido con él formando un solo uno, grande e indisoluble, una especie de monstruo grotesco del que solo sale para echar fuego por la boquita cada vez que le piden que se vaya a casa, a cualquiera de las muchas que tiene declaradas.

Lo cierto es que aquí nunca hemos sido partidarios de andar pidiendo dimisiones con la alegría de quien pide grupo parlamentario, aquí no queremos que los políticos dimitan por la sencilla razón de que mientras están en sus puestos al menos no se dedican a otras cosas, y eso es algo que a la ciudadanía provoca grandísimo consuelo.  No, no queremos que Manuel Dios dimita, está para lo que está, lo escogieron por lo que escogieron, y sentiríamos una gran lástima por él si a estas alturas se viera obligado a hacer algo que….bueno, si se viera obligado a hacer algo sencillamente.  Y es que tras pasar toda una vida dedicado a pasar toda una vida, sería un mal comienzo para alguien que acostumbrado desde el verano pasado a sacarse a sí mismo en procesión tener que decir hasta aquí habéis llegado. No queremos que dimita, nos alegra cada mañana con sus homilías y ni siquiera los acontecimientos insólitos y extraordinarios, las manos negras de tanto rascarse y el esfuerzo diario en explicar lo inexplicable merecen mejor galardón, que para algo ya se le conoce como ‘el excusado de Raxoi’ por sus siempre ocurrentes y chisposas excusas para todo.

Así que andando los tiempos llegan las recolecciones y en el debe de haber de las cuentas municipales se ha encontrado un hueco para el buen hombre, que entre recortes ideológicos y fulminaciones políticas han sobrado unos cuartos, y qué mejor destino para ese dinero que el bolsillo en pantalón ajeno de Manuel Dios y su benemérita asociación. De esta forma evitamos que cualquiera haga un mal uso del dinero público, que dijo el Alcalde que es sagrado, y si se le entrega al concejal no habrá ningún tercero malvado que quiera aprovecharse de él. Y dicho y hecho, que el Concello le da un pastizal a la asociación que fundó tan espabilado concejal y en la que figura como parte de su directiva, el Seminario Galego de Educación para a Paz (y tal). Ni al Proyecto Hombre, ni al Banco de Alimentos ni al Futsal ni a la madre que los parió, no: el dinero se lo entregamos a la asociación de nuestro concejal porque el dinero no da la felicidad, y mucho menos el tener muchos inmuebles, salvo a la mayoría social agredida reunida en torno a él.


Son los cambios que nos traen las nuevas políticas, llegadas para que todo cambie, para que todo se mueva. Pues bien, a ver si el concejal nos enseña de una puñetera vez que el movimiento se demuestra yéndose.

O como decía el 'maestro', nulla política sine ethica.

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